MUY "FIFIS" LOS JR. DEL BIENESTAR

MUY "FIFIS" LOS JR. DEL BIENESTAR 

¿Recuerdan Nepal en 2025?... Fue escenario del hartazgo de la Generación Z frente a los “Nepo Babies” políticos. Los hijos de politicos, acostumbrados a exhibir en Instagram sus viajes, joyas y mansiones, mientras el pueblo sobrevivía en pobreza extrema, terminaron por encender la mecha de la indignación. Las protestas masivas no solo sacudieron Katmandú, sino que forzaron la huida del Primer Ministro. Fue la prueba de que la paciencia social tiene un límite.




El fenómeno no es exclusivo de Nepal. En México lo conocemos de sobra. Aquí también tenemos a nuestros “Juniors del Bienestar” esa camada de parásitos que se pasea en camionetas machuchonas de lujo, compra tenis de 150 mil pesos, traga carne bañada en oro y presume residencias en Houston, mientras millones de mexicanos apenas pueden costear un kilo de tortillas.




La obscenidad es doble: no solo viven del dinero ajeno, sino que lo hacen con la soberbia de sentirse “merecedores” de todo aquello que jamás sudaron ni trabajaron.




La imagen de un junior huevón ya es desagradable por sí sola. Pero se vuelve repulsiva cuando esa riqueza proviene del saqueo político, del narcotráfico o de la corrupción institucionalizada. Es el espejo que desnuda la verdadera esencia de los gobiernos que dicen ser “del pueblo bueno y sabio”, pero que en realidad solo sirven para engordar a sus vástagos inútiles.




Mientras desde morena y Andrés Manuel López Obrador se daba baños de pueblo comiendo antojitos en fondas y recomendando comer frijoles en lugar de carne; porque está muy cara, sus “Juniors del Bienestar” se daban la gran vida en Londres, Japón y Houston. Esa contradicción es el sello de la hipocresía política: predicar austeridad mientras se practica el lujo obsceno.




El caso de Nepal nos deja una lección: cuando la juventud se organiza, los privilegios heredados pueden ser derribados. La pregunta es si en México seguiremos tolerando que esta cepa de “Juniors del Bienestar” siga mamando de nuestros impuestos, mientras el pueblo sufre hambre, trabaja para pagar piso a la delincuencia, o muere en los devastados hospitales del IMSS.




Los “Juniors del Bienestar” son la prueba viviente de que la corrupción se hereda. Pero... Depende de nosotros evitar se multiplique.